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Taunus nevado


por Manu 15.01.2017

 

 

Si algo me gusta de Alemania es como se nota el cambio de las estaciones. Cada una tiene su clima y su idiosincrasia que marca los paisajes y hasta el carácter de la gente. En primavera llega el buen tiempo y te pasas el día haciendo "grillen" al aire libre. Es la época de salir al monte y disfrutar de la naturaleza. En verano se vive en los parques y en los "Biergarten". Nadie come en el interior de los restaurantes que tienen las terrazas a reventar, y hay infinidad de festivales al aire libre; de cine, de música, de lo que sea. La gente se esfuerza en salir antes del curro y se respira hedonismo. En otoño, cuando llega el mal tiempo y el día empieza a acortar, la gente se recoge, las calles se vacían, y comienza el adviento. Es época de reunirse en casa y cocinar ... hasta que montan los "Weihnachsmärkte", y combatir el frío con ponche caliente se convierte en la actividad de cada fin de semana. Y después llega el invierno, que es sin duda la peor época del año en Alemania; parece que no hay mucho mas que hacer que esperar a la primavera. La gente se vuelve taciturna, y el que puede intenta levantar el animo escapándose unos días rumbo al sur a un destino de sol, o a los Alpes a esquiar.

 

Pero a mi, cuando nieva, y por aqui todos los años nieva, me encanta el invierno. No estamos muy acostumbrados a convivir a diario con la nieve en el valle del Ebro, así que es toda una novedad.

 

Y como ya os hemos contado otras veces, nieve y bicicleta se llevan mejor de lo que cabria esperar.

 

 

 

 

Hoy ha salido un domingo de sol aunque bajo cero. En las calles no queda tan apenas nieve, pero como en el parque junto a casa todavía aguanta, he salido con la bici a ver que tal estaban los montes del Taunus. Y si, no una barbaridad, pero tenían nieve. La suficiente para que los caminos no fueran un barrizal, sino una pista blanca por la que se podía transitar con relativa facilidad.

 

 

 

 

Me he cruzado con algunos esquiadores de fondo, familias con trineos, gente andando, y también con un par de chavales que iban en bici. Me he fijado que llevaban ruedas de clavos, así que por lo menos hay algunos asiduos al pedaleo invernal.

Yo no iba tan equipado, pero no he tenido mayores problemas. No había casi hielo, y como los caminos estaban pisados, la bici agarraba bien; a veces hasta demasiado bien, porque en cuanto te salias de una rodada o te metías por nieve suelta, te quedabas clavado.

 

Frío si que he pasado, sobre todo al final, pero mucho menos del que esperaba. Aunque hacia un par de grados bajo cero, el sol reflejaba en la nieve y calentaba bastante. Solo bajando ya hacia casa por una ladera umbría me ha calado el frío y me ha dado una flojera que casi no llego.

 

De cualquier manera, ha sido una salida original y divertida que me ha recordado a las de hace unos años por el Rennsteig. Creo que me voy a comprar otras mallas de invierno, que parece que vamos a poder usarlas ...

 

 


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